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Guía de la Hiperhidrosis.
El sudor es un mecanismo natural que poseemos los seres humanos para adaptarnos a los cambios de temperatura y que supone una gran ventaja adaptativa ya que permite realizar una actividad independientemente de la temperatura ambiental. Sin embargo, hay personas que producen una cantidad excesiva de sudor, este trastorno se conoce con el nombre de hiperhidrosis y puede provocar algunos problemas en el normal desarrollo de nuestras vidas. A pesar de no ser una dolencia muy conocida, en España afecta ente un 1% y un 3% de la población.

¿Qué es el sudor?
El sudor es un líquido compuesto por agua, sales minerales y otras sustancias. En algunas ocasiones también está formado por sustancias aromáticas, ya que, tras comer ciertos alimentos, el sudor puede adquirir un determinado olor.

¿Qué función tiene el sudor?
La transpiración es una función natural del cuerpo humano que ayuda a la termorregulación corporal y permite eliminar parte del exceso de calor al evaporarse de la piel. Gracias a este mecanismo podemos realizar cualquier tipo de actividad independientemente de la temperatura exterior. Esta capacidad de mantener la temperatura constante es exclusiva de los mamíferos y de las aves, el resto de los animales ven reducida su capacidad de adaptar su temperatura corporal y están sujetos a las variaciones del ambiente. Además, el sudor también tiene la utilidad de eliminar sustancias nocivas para la salud.

¿Qué órganos regulan la sudoración?
El cuerpo humano regula esta función mediante el metabolismo y varios mecanismos termorreguladores que ajustan los cambios de calor y frío del organismo. Las encargadas de producir el sudor son las glándulas sudoríparas que, a su vez, están coordinadas por el sistema nervioso simpático, que estimula o inhibe a las glándulas sudoríparas según las necesidades y el estado del organismo.
Existen dos tipos de glándulas sudoríparas, distribuidas por toda la superficie corporal; las ecrinas y apocrinas. Las ecrinas son las que tienen más participación en la termorregulación y se encuentran distribuidas por toda la piel excepto algunas partes del cuerpo como los labios o el conducto auditivo externo.
Contrariamente a lo que se puede pensar, las zonas donde hay más glándulas de este tipo no son las axilas, sino el dorso de la mano y la yema de los dedos, donde podemos llegar a tener hasta setecientas glándulas por centímetro cuadrado. En todo el cuerpo disponemos entre tres y cuatro millones de estas glándulas, capaces de producir cerca de 600 mililitros de sudor por hora si son sometidas a altas temperaturas, aunque en deportistas de alto rendimiento la cantidad puede ser mucho mayor.
Las glándulas apocrinas, por su parte, se localizan en las axilas o periné y son las responsables del olor corporal de cada persona. Estas glándulas tienen relación con la sudoración producida por causas emocionales como la ansiedad o el estrés.
¿Qué es la hiperhidrosis?
La hiperhidrosis puede definirse como un fenómeno en el que se segrega una cantidad de sudor anormalmente superior al requerido para el balance térmico normal. Este exceso está provocado por una sobreactividad de las glándulas sudoríparas ecrinas, principalmente de las palmas de las manos, las plantas de los pies, las axilas o la cara. En el 60% de los caso afecta a palmas y plantas, y en el 30%-40% a axilas. Esta enfermedad suele iniciarse en la infancia o pubertad y normalmente dura toda la vida.

Causas que provocan la hiperhidrosis.
La causa de la hiperhidrosis no es conocida. En un 30-35% de los caso hay algún antecedente familiar lo que sugiere que pudiera existir alguna causa genética. En un 60% de los casos, los afectados son mujeres, por lo que también se cree que puede tener relación con aspectos hormonales. Además, este trastorno se relaciona con una hiperactividad de las fibras simpáticas y un aumento de la respuesta periférica sudomotora. Una alteración endocrina (por ejemplo, un hipertiroidismo), o en ocasiones, una enfermedad del sistema nervioso central, pueden también provocar la sudoración generalizada.
Diagnóstico de la hiperhidrosis.
Existen, principalmente, tres métodos para diagnosticas la enfermedad:

Escala numérica.
El propio paciente señala su grado de sudoración en una escala del 1 al 10. Pese a tratarse de un método totalmente subjetivo, supone un punto de referencia a la hora de evaluar la evolución de la enfermedad.
Valoración gravimétrica.
Consiste en comparar un papel de filtro antes y después de su aplicación en la zona a explorar. El sujeto debe encontrarse en un ambiente de baja humedad y la zona en cuestión debe estar completamente seca.
Test del yodo-almidón.
Es el método más utilizado en la práctica clínica para detectar la hiperhidrosis. Consiste en pintar la zona afectada, seca y limpia, con povidona yodada (Betadine®), tras esto se deja secar. Posteriormente se espolvorea almidón y se espera a que la zona sude. Al sudar en presencia del yodo, el almidón toma un tono azul oscuro. De este modo, se puede visualizar y delimitar más fácilmente las zonas de mayor sudoración, ya que se verán más oscuras.

Tipos de hiperhidrosis.
Principalmente existen dos tipos de hiperhidrosis:

Hiperhidrosis Focal: Es la forma más frecuente. Afecta a los pies, palmas y en un 30-40% a las axilas. Igualmente puede verse afectada la cara. Dentro de este grupo también se encuentra la hiperhidrosis gustativa que afecta a la cara tras la ingesta de alimentos picantes o condimentados.
Hiperhidrosis Generalizada: Afecta a toda la superficie corporal. Es mucho menos frecuente que la focal y suele ser provocada por la existencia de otra enfermedad como una infección, diabetes o enfermedades de tiroides.
Consecuencias de la hiperhidrosis.
A pesar de ser una dolencia con la que se puede convivir, la enfermedad puede causar un considerable estrés emocional, dificultando en ocasiones la vida personal, laboral y social del paciente. En los casos más graves el exceso de sudor provoca que las personas se vuelvan retraídas y rehúyan la actividad social evitando situaciones donde necesitan entrar en contacto con otros. Además de los aspectos psicológicos, la sudoración excesiva provoca que la ropa esté húmeda y puede originar infecciones locales, irritaciones o incluso mal olor.

Tratamientos.
Existen diversas terapias para paliar los efectos de la hiperhidrosis y que van encaminados a mejorar la vida del paciente:

Medidas Higiénicas Generales.
• Utilizar ropa de algodón, transpirable, y evitar los tejidos sintéticos. Si es necesario, cambiarse de ropa durante el día.
• Usar calcetines de algodón y zapatos de cuero con buena transpiración, evitando el calzado de plástico y de goma.
• Ducharse una o dos veces al día con jabón y aplicar un antitranspirante como Endocil.
• Afeitarse el vello axilar.
• Evitar la ingesta de café, alcohol y especias picantes.
• Si el sudor tiene olor desagradable, utilizar en la ducha un jabón especial contra el olor.

Técnicas de relajación.
Las técnicas de relajación, llevadas a cabo con la ayuda de un profesional, pueden ser eficaces en situaciones de estrés y en hiperhidrosis emocionales. El psicólogo puede ayudar a controlar este tipo de situaciones y convertirlas en algo más llevadero.

Tratamiento farmacológico.
·Aldehídos.
Su función principal es la de taponar los poros de las glándulas sudoríparas. Tienen el inconveniente de ser de corta duración y que, si se utilizan durante mucho tiempo, pueden producir hiperpigmentación y sensibilización de la piel.
·Sales metálicas.
Se trata de una solución alcohólica que se aplica a la noche sobre la piel seca y se retira por la mañana. Es frecuente su uso en las axilas, pero puede producir irritación en la piel.
·Iontoforesis.
Consiste en introducir, en la zona a tratar, una sustancia en los tejidos mediante corriente eléctrica a través de un medio acuoso.
·Fármacos sistémicos.
Existen diversos tipos diferentes de fármacos sistémicos para tratar la hiperhidrosis. Pueden ser efectivos para episodios repentinos de hiperhidrosis o en situaciones de estrés o hiperhidrosis emocionales. Sin embargo, tienen el inconveniente de poder producir algunos efectos secundarios más o menos graves.

Cirugía.
El paso por el quirófano es otra de las alternativas existentes para tratar la hiperhidrosis. La operación consiste en seccionar nervios y ganglios de la cadena simpática torácica para así disminuir la transpiración. El resultado de esta operación suele ser bastante satisfactorio, aunque frecuentemente presenta un importante efecto secundario. Se trata de la denominada sudoración compensatoria, que sufre el 50% de las personas operadas, y que hace que aumente la sudoración en otras zonas del cuerpo como la espalda o los muslos. Algunos pacientes también pueden experimentar el síndrome de “manos secas”, que requiere la hidratación de las mismas una o varias veces al día. Técnicas de relajación.

Tratamiento con BOTOX®.
Se trata del tratamiento más novedoso para combatir la hiperhidrosis. Su eficacia se ha visto probada desde hace aproximadamente 10 años. La toxina botulínica, el famoso BOTOX® que se emplea para tratar otras enfermedades como la distonía o para fines estéticos.


Mitos.
La hiperhidrosis tiene relación con una higiene deficiente.


La hiperhidrosis causa mal olor corporal.


El sudor tiene siempre el mismo olor.

El sudor se produce tras realizar esfuerzos físicos o en días muy calurosos.

Sudamos de forma parecida a lo largo de nuestra vida.


Los niños y los ancianos sudan menos que los adultos.

La parte de nuestro cuerpo que más suda son las axilas.

La hiperhidrosis afecta más a los hombres que a las mujeres.


La hiperhidrosis afecta más a las personas nerviosas.

Realidades.
Se desconocen los motivos exactos por los que aparece esta enfermedad, pero en ningún caso es por la falta de higiene.

Este olor es provocado por las bacterias que pueden aparecer si el sudor permanece en la piel durante un largo tiempo.

Tras comer ciertos alimentos, el sudor puede adquirir determinado olor.

Situaciones de estrés, ansiedad o ciertas comidas picantes o muy calientes también pueden provocar la aparición del sudor.

La razón hay que hallarla en el grado de madurez de las fibras del sistema nervioso simpático que regula las funciones del sudor.

Las zonas con mayor profusión son el dorso de la mano y la yema de los dedos.

El 60% de los afectados son mujeres.

Se ha demostrado que es una alteración orgánica y no psicológica, pero que puede causar problemas emocionales.

Existen diversos tratamientos eficaces para tratar este trastorno.

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